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El té matcha lleva tiempo siendo algo más que una moda pasajera. Ha pasado de verse como una infusión extraña con ese tono verde característico a convertirse en un habitual en muchas cocinas. La naranja, en cambio, nunca ha tenido que ganarse su sitio: siempre ha estado ahí, asociada a desayunos, zumos y a esa sensación de “empiezo el día con una buena carga de vitaminas”.

Juntar ambos ingredientes puede sonar extraño al principio, pero lo cierto es que tiene bastante lógica y, cuando se prueba, suele sorprender para bien. No es una mezcla pensada para posturear ni para seguir tendencias porque sí, sino una bebida con carácter y fácil de preparar en casa. ¿Te atreves?

¿La naranja y el matcha combinan bien?

La respuesta es claramente positiva. El matcha tiene un sabor intenso, vegetal y ligeramente amargo que no siempre resulta fácil para todo el mundo, sobre todo si se toma solo con agua. La naranja entra justo donde hace falta: aporta acidez, frescor y ese toque dulce natural que suaviza el conjunto sin cargarse el sabor del té. No se trata de que uno tape al otro, sino de que se acompañen.

Beneficios de tomar matcha y naranja juntos

Más allá del sabor, esta combinación tiene bastante sentido a nivel práctico. El matcha aporta cafeína, pero de una forma más estable que el café, sin subidas bruscas ni bajones repentinos, gracias a la L-teanina. La naranja, por su parte, suma vitamina C y antioxidantes, además de hacer la bebida más ligera y fácil de tomar, especialmente en ayunas. Juntos forman un combo interesante para quienes buscan energía sostenida, una buena carga antioxidante y una alternativa a las bebidas azucaradas de siempre. Además, la vitamina C puede ayudar a mejorar la absorción de algunos compuestos del té, y el conjunto suele resultar más amable para la digestión que el matcha solo, algo que se agradece a primera hora del día.

Ingredientes y preparación

Para preparar té matcha con zumo de naranja no hace falta montar un ritual eterno ni tener media tienda especializada en casa. Basta con una cucharadita de matcha de buena calidad, zumo de naranja natural recién exprimido y un poco de agua caliente. Si quieres ajustar la bebida a tu gusto, puedes añadir agua fría, hielo, un toque de jengibre rallado o incluso un poco de ralladura de naranja, pero todo eso es opcional.

Empieza calentando el agua hasta unos 70–80 ºC. Pon el matcha en un cuenco o vaso y añade unos 60 ml de agua caliente. Bate bien, ya sea con batidor de bambú o con unas varillas pequeñas, hasta que no queden grumos y aparezca una ligera espuma. Mientras tanto, exprime una o dos naranjas, según su tamaño y dulzor. En un vaso grande, añade el zumo y ve incorporando el matcha poco a poco, removiendo suavemente. Prueba y ajusta: un poco más de agua si lo notas intenso, hielo si lo quieres más fresco o un toque dulce solo si realmente lo ves necesario.

Detalles que marcan la diferencia

Hay pequeños errores que pueden estropear la experiencia sin que te des cuenta. Usar agua hirviendo quema el matcha y lo vuelve más amargo, recurrir a zumos industriales rompe el potencial de esta combinación por culpa del azúcar añadido y no batir bien el té acaba en una bebida llena de grumos poco apetecible.

 También conviene no pasarse con la cantidad de matcha; en este caso, más no significa mejor. Ajustar proporciones forma parte del proceso y es bastante normal que la primera vez no quede perfecta.

Variaciones para no caer en la rutina

Una vez dominas la base, esta bebida da bastante juego. Puedes sustituir parte del agua por agua con gas para una versión más refrescante, añadir especias como jengibre o una pizca de canela para cambiar el perfil, o incorporar un chorrito de bebida vegetal si buscas una textura algo más suave sin convertirlo en un matcha latte clásico. Incluso se puede preparar en versión granizada congelando el zumo de naranja y batiéndolo con el matcha ya preparado, ideal para épocas donde el calor aprieta de verdad.

Cuándo tomarlo y qué esperar

Funciona especialmente bien por la mañana, cuando apetece activarse sin recurrir al café de siempre. También puede ser buena opción antes de entrenar si buscas un empujón moderado. Por la noche no es lo más recomendable, básicamente porque el matcha sigue teniendo cafeína. En cuanto al sabor, conviene ir con expectativas realistas: no sabe a zumo dulce ni a té verde clásico. Tiene personalidad y puede sorprender al principio, pero suele ganar puntos con cada intento.

En resumen, el té matcha con zumo de naranja no pretende sustituir nada ni convertirse en una obligación diaria. Es simplemente una alternativa distinta, fácil de preparar y con bastante sentido tanto por sabor como por lo que aporta.

Si te apetece salir un poco de lo de siempre y probar algo nuevo, esta mezcla merece, como mínimo, una oportunidad. Y bueno, si prefieres tu matcha de siempre pero por separado, en nuestra tienda tienes desde el sabor tradicional del auténtico matcha japonés hasta matchas de sabores que no dejarán de sorprenderte. ¡Pruébalos!

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